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Prácticas de crianza y funcionalidad familiar en la violencia escolar.

La violencia es un problema de salud pública en cualquiera que esta se diera lugar. Los planteles escolares es un escenario en donde se percibe violencia entre alumnos y también entre otras personas que pertenecen a estos planteles escolares obteniendo grandes consecuencias a nivel individual (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2002).

Para evidenciar la magnitud del problema la OMS (2002) realizó un estudio donde involucró a 35 países en un estudio que realizó para así abarcar a nivel mundial el fenómeno del acoso escolar. Los datos obtenidos revelaron que el 15% de los niños de 11 años y el 9% de adolescentes de 15 años reportaron haber sufrido acoso escolar.

Por otro lado, el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2013) elaboró un estudio internacional. Este estudio mostró, entre otros datos, que la prevalencia del acoso escolar en los países de España y Lituania está por arriba del 50%. En otro estudio llevado a cabo por Forero, McLellan, Rissel y Bauman (1999) en Australia, con una muestra de 3,918 estudiantes de 115 escuelas, se encontró que la incidencia del acoso escolar fue de 57,8%.

En cuanto a México, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2012), lo señaló como primer lugar a nivel mundial con mayores casos de violencia escolar en nivel secundaria, también mencionó que una de cada seis víctimas de este fenómeno, llega a cometer suicidio. Siguiendo a lo que la OCDE (2012) señaló, el Instituto Aguascalientense de las Mujeres (2011) puntualizó lo mismo con respecto a que México se encontró en primer lugar de acoso escolar.

La Organización no Gubernamental Bullying sin Fronteras y OCDE (2019) mencionaron que 7 de cada 10 estudiantes sufren de violencia escolar en su estudio global sobre incidencia y prevalencia del fenómeno.

Algunas de las características internas que propician la aparición de eventos violentos en el ámbito académico son la infraestructura, el manejo por parte de las autoridades de cómo interactúan los alumnos en el plantel, la capacidad para solucionar problemas de esta índole por parte de las autoridades académicas, entre otras; por otra parte, los factores externos son los contextos de las colonias donde viven y de sus familias, es decir, que tan estimulantes son estos contextos para que actúen como factores protectores o de riesgo para el alumno orillándolo a que pueda ser un posible agresor, no ser capaz de defenderse o solamente mirar y no actuar para la interrupción de los actos violentos (Erzo, 2012; Villanueva, Górriz, Andrés, Cuervo y Adrián, 2009).

Delgado (2012) mencionó que la familia es el primero y el más importante nicho de socialización para los hijos donde se le permite que estos aprendan conductas con las cuales se desarrollará y se forjará su futuro desenvolvimiento personal, escolar y social ya que los modelos familiares, principalmente los padres, se convierten en un factor de riesgo o de protección al momento de cómo educan y crían a sus hijos a través de las prácticas de crianza empeladas para tal objetivo.

Por otro lado, cuando existe una relación inestable padres-hijos durante la etapa de la preadolescencia y adolescencia, es debido a que, por un lado, los padres quieren seguir imponiendo las mismas normas familiares en el hogar mientras que por el otro lado, los

preadolescentes buscan su autonomía renegando las normas que con las que se regían cuando sus padres tenían mayor control sobre ellos (Rodrigo, García, Márquez y Triana, 2005).

Como antecedente, un estudio donde se analizaron los patrones de conducta de los padres para educar a sus hijos es el que realizó Hoffman (1976). El análisis se centró en cómo los padres afrontan los problemas de conducta de sus hijos con relación a las prácticas de crianza con sentido disciplinario.

Por su parte, Iglesias y Romero (2009) se centraron en obtener información sobre la percepción de adolescentes de 12 a 19 años con respecto a los estilos parentales que llevan a cabo los padres de familia en sus hogares. Relacionaron dicha percepción con factores psicopatológicos y la personalidad que desarrollan los hijos en la etapa de la adolescencia. La conclusión de los autores indicó la importancia de considerar las prácticas de crianza al momento de diseñar estrategias para la intervención con adolescentes cual quiera que sea el estudio con este tipo de población.

También, Epstein (2001) en su investigación sugiere prácticas de los padres en relación con la escuela para una crianza más eficiente. Propuso seis puntos que hablan sobre la colaboración entre los padres de familia y la escuela a la que sus hijos acuden en términos conductuales: (a) asistencia de las familias a las instalaciones educativas, (b) conocimiento de los padres sobre las materias escolares y logros escolares de los hijos, (c) participación de los padres en actividades en el aula y en la escuela en general, (d) involucrar a los padres en las materias de sus hijos, (e) los padres deben ser partícipes en la toma de decisiones sobre temas que conciernan a sus hijos, y (f) relacionar los recursos escolares, los eventos de socialización y los servicios con las prácticas de los padres.

Por lo anterior, se propuso el objetivo general de describir la situación del contexto familiar en términos de las prácticas de crianza y funcionalidad familiar en estudiantes de secundarias públicas en el noroeste de México según el rol que asumen en una situación de violencia escolar.


Vera, J.A., Fregoso, D. Duarte, K.G. (2021) Prácticas de crianza y funcionalidad familiar en la violencia escolar. En: Ramos, et. al. (Eds). Redes de Cultura Escolar en pro de la Educación para la Paz. Experiencias, análisis y propuestas de intervención. pp. 408-420 Ed. Fundación Vivir en Armonía. Guadalajara. Versión digital, México.





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